porque el tiempo es breve, pero me ama

domingo, 5 de junio de 2016


este año se publica 'los abrazos largos . prosa', acá el dibujo de portada, del trazo de Eduardo Tokeshi



réquiem por el casete

Publicado originalmente en la Revista Soho Perú

Si existe algo que hemos heredado los que nacimos antes del fin de la era analógica debe ser la resistencia. Resistencia no como negación, sino como aguante. Si algo hemos perdido, probablemente sea la resolución de nuestras huellas digitales. Las máquinas con las que hemos crecido siempre demandaron vigor. Para escribir a máquina tenías que presionar cada tecla con firmeza. Si querías hacer una fotografía, correr el carrete, apretar el disparador, hacer foco manual siempre. Si querías escuchar o grabar música: un botón para abrir en cámara lenta la pequeña puerta que daba acceso al casete en la radiograbadora, otro botón para reproducir la cinta, otro para detenerla, otro para rebobinarla y así sucesivamente. Botones recios de máquinas pesadas y duras si es que las comparamos, por ejemplo, con las laptops o los mp3 (que de hecho resulta ahora un referente algo antiguo).

En casa teníamos todos estos objetos: máquina de escribir, calculadora científica, VHS, tornamesa y obviamente, la infaltable radiograbadora. Y dado que provengo de una familia con cierta tendencia melómana, nuestra fonoteca era pintoresca y voluminosa.

Apilados por orden alfabético en el estante musical de mi casa, de pastas coloridas y escritas a mano alzada con algún lapicero Novo, los cassettes fueron quizá mis primeros libros. Objetos del polvo y la nostalgia, ‘escritos’ a golpe de apretar los botones ‘play’ y ‘rec’ al mismo tiempo, herramienta de registro de mi pronta pubertad. La música almacenada en aquellas cajas de plástico duro -cuya cinta electromagnética podía resistir de forma heroica la rebobinada manual, el parche con cinta adhesiva, el re-re-regrabado, los nudos y cuanta cosa pasara por la mente de una niña- formó parte importante de mi educación sentimental. Bolero, rock, chicha, cumbia, vallenato, punk y tantos otros géneros que incidieron en mi personalidad múltiple (según la ciencia), que yo prefiero llamar ‘ecléctica’. Todos los detalles que rodeaban el objeto del casete fueron tan importantes como el casete en sí, sin embargo, la posibilidad que te brindaba el librillo plegado era lo que más disfrutaba de aquel objeto. Un acordeón de papel que generalmente contenía las letras de las canciones que traían los lados A y B de la cinta. Al ser yo una fanática de los mixtapes, una DJ frustrada si se quiere, encontraba en la creación de ese librillo gran algarabía. Era el complemento perfecto para la labor de collage que implicaba crear el soundtrack de tu vida.

En el mercado de mi barrio habían muchos puestos donde se podía encontrar la música de moda en ediciones pirata. Para música más ‘caleta’ tenía que transitar los pasadizos de Galerías Brasil, uno de los pocos sitios donde encontrabas rock nacional y que aún sobrevive, entre fotocopiadoras y antros de videojuegos. Los casetes fueron la caja de bombones de mi adolescencia. Siempre me parecerá un gesto más romántico que un chico te obsequie un casete con canciones escogidas y grabadas una a una para ti, a que copie y pegue un link de YouTube o Spotify en tu muro de Facebook. Mi primer amor me obsequió uno de Lucybell; el segundo, uno de The Beatles; el tercero me pasó un enlace donde podía descargar música gratis.
Para una navidad me regalaron mi primer walkman. Era amarillo y pesado y yo andaba de arriba a abajo con él. Era decisivo elegir el cassette que me acompañaría durante el día, ya que resultaba aparatoso salir con más de uno a caminar por las calles de Lima. La textura del sonido llegaba ahora directamente a mis oídos, sin ruidos ni distracciones, casi si hasta podía percibir al cantante pasando saliva en mi tímpano derecho. Por culpa del walkman –más bien, por culpa de mi inconsciencia- he estado al borde de más de un atropello en la vía pública y sufrido la puteada de al menos una docena de choferes histéricos.
Para cuando entré al cuarto de secundaria el compact disc ya había empezado el proceso de destierro de los nobles casetes. Lo mismo que el discman con el walkman. Luego vino el mp3 y el Ipod y luego ya no me interesó tanto los aparatos para reproducir y hacer portátil la música. Todo estaba en Internet.

Aún conservo muchos de los casetes de mis padres, algunos nunca devueltos a mis amigos, algunos como documentos de amor, incluso grabaciones caseras de lo que era un programa radial que improvisábamos con unas primas, encerradas en mi habitación. Guardo mi voz de los trece años en esa cinta. No ha cambiado tanto.

k.v.c.

dibujar como acto de amor

un iglú es una construcción hecha por el hombre, supone el moldeado de bloques de nieve y su correcto apilamiento en función a un modelo abovedado, por llamarlo de forma alguna. un iglú es un fuerte, un refugio, una vivienda, un hábitat, un búnker, pero sobre todo, es las ganas de permanecer y sobrevivir en las condiciones más hostiles. construir un iglú es un acto de supervivencia dotado de belleza y armonía. un iglú puede ser una morada cálida, capaz de prolongar una estancia digna, sin mayores afecciones, durante mucho, mucho tiempo.

sábado, 21 de mayo de 2016

siempre tengo un 'último día en lima'. el de esta mañana es particularmente oscuro. como cereal directamente de la caja y doy sorbos a un café que este mediocre otoño ha logrado enfriar en segundos. es mediodía y no me he quitado el pijama. mi hijo, tampoco. está bajo la frazada, viendo dibujos animados en su cuarto. somos dos niños solos en una gran casa vacía.

la maleta está tirada en el piso de mi habitación. tiene la puerta abierta y viene llenándose de polvo desde la última vez que partí. nunca termino de desempacar por completo, por ejemplo, del último viaje se ha quedado un polo rojo, una pastilla de jabón y un par de medias enrolladas. la ropa que llevaré para este, aún está húmeda en los cordeles del patio.

hoy no tengo ganas de despedirme de la ciudad.


domingo, 15 de mayo de 2016

hoy dibujé un árbol. un árbol que siempre dibujo y que probablemente sea una mezcla de texturas de todos los árboles que he visto e imaginado desde la infancia. un árbol sin frutos. oscuro. de tallo rugoso. de hojas redondas. de ramas largas y verticales. un árbol que siempre tienen un agujero en alguno de sus lados. este agujero ¿qué será? me lo he preguntado muchas veces. pienso que quizá sea una herida, un refugio, un portal. y a veces, solo pienso que dibujo este árbol, una y otra vez, con la ilusión de un día poder atravesar aquel agujero.


sábado, 14 de mayo de 2016

el recuerdo se aprieta entre las sienes
una tregua entre el golpe y el quejido
bajo esta agua las valvas del olvido
los moluscos del tiempo los rehenes
deja caer el cielo que sostienes
pues todo lo que aguardas lo has tenido
deja pasar la vida que has vivido
deja volver atrás lo que ahora tienes
no retrocedas más a la esperanza
que andando está el camino y ya deshecho
la hora se detiene cuando avanza
la espera desespera a cada trecho
y la mirada rota atrás se lanza
como si hubieras de rehacer lo hecho

Américo Ferrari 

lunes, 2 de mayo de 2016

En el pueblo de San Marcos estuve por vez primera frente a una magnolia, una flor de la cual solo había escuchado el nombre y que me resultaba familiar por ser el título de una de mis películas favoritas de la vida, una película sobre la soledad y el perdón (lejos de todo lo cursi) dirigida y escrita por Paul Thomas Anderson; pero, además, por estos versos de Eielson: 'pero luchar luchar luchar/todas las noches con un tigre/ hasta convertirlo en una magnolia...'. Los tigres, como ustedes sospecharán, no se parecen en nada a las magnolias. La magnolia es una flor similar a esos pozos que formamos con las manos cuando queremos recoger en ellas agua. Sus pétalos no son pétalos, sino 'tépalos', lo cual significa -entre otras cosas- que su textura y estructura es más similar a la de una cebolla que a la de cualquier otra flor. A diferencia de la cebolla, una magnolia no te hará llorar por el simple hecho de picarla para la ensalada. Las magnolias son polinizadas por escarabajos, esto se debe a que existen desde hace tantos millones de años que son incluso anteriores a la aparición de las abejas. Tal vez encontrarse con una flor 'cara a cara' no sea para algunos un suceso tan importante, pero a mí me conmueve. Siempre me estremece el plano real de nuestra existencia, me recuerda lo diminuta e insignificante que soy frente al mundo, frente a lo desconocido, me encara ante mi ignorancia, me devuelve a la certeza de que si bien las películas y los libros son maravillosos instrumentos de aprendizaje, cuestionamiento o reflexión, forman parte de una experiencia inconclusa, en especial si se les considera suficiente para entender una idea o -peor aún- superiores a lo vivencial. Quizá sea cierto que contemplar una flor comprenda un acto muy simple. O quizá sea tan simple como intentar convertir a un tigre en esta flor.


martes, 19 de abril de 2016

estoy aquí, tras la puerta cerrada.
respiro cuidadosa
                  mente
para sostener un silencio que me permita percibir tu respiración
del otro lado.                                                           te he pescado.
eres el más hermoso de los peces que
por descuido ha saltado a mis manos. contemplo
tu muerte en mi regazo
y te encuentro bello
ahora
será imposible
devolverte al agua,
pero
no

                                                            quiero tenerte.

me quedo inerte ante tu dolor,
y te acompaño hasta
tu propia quietud
                                                                                      forzada y adquirida.
'nadie puede capturar la luna en un espejo', te digo como consuelo
y beso tu pico de carne,
te observo con mis ojos dentados,
la escena se filtra
por estos oídos
que son los únicos
que se entregan
risueñamente al sueño.

domingo, 31 de enero de 2016

observo desde la ventana del bus que me conduce al trabajo a un grupo de jardineros municipales. van encapuchados, con trajes de un verde vibrante, portando aparatos para la poda como fusiles. los veo sin poder darle algún nombre preciso a dichas herramientas y me resigno a mi plena ignorancia, o no me resigno y solo acomodo las agujetas de mis botas y peino con los dedos mi cerquillo para volver a meterme en la lectura. pronto sucede que no puedo continuarla. algo se empieza a agitar bajo el uniforme de lo nombrable. algo que se comporta como un pajarito que ha terminado quién sabe cómo atrapado al interior de una botella y que en su intento por zafarse, golpea su pequeñísimo cuerpo contra las paredes de vidrio, sin entender en qué momento el aire se endureció. soy tanto lo que se esfuerza por salir como lo que impide que aquello salga. pienso entonces en aquellas máquinas que nunca sabré usar y también en las máquinas que sé usar sin saber cómo funcionan. peor aún es lo que sucede con aquella de la que me valgo para tomar este apunte, para pronunciar mi pensamiento -ese aparato cuya mecánica pueda que entienda de algún modo- sin lograr que funcione según lo que antecede en mi cabeza, lo previo al pensamiento, a lo concreto y silencioso, al pudor, a las restricciones de mi propio entendimiento.

weird fishes

viernes, 22 de enero de 2016

J. quiere ser un maestro pokemon ポケモン

yo: ¿estás viendo pokemon, mi amor?
J: si, mami
yo: pero está en inglés ¿lo entiendes?
J: no necesito, igual me gusta

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J. se prepara para ser un maestro en el amor

miércoles, 20 de enero de 2016

I.
Si no tengo nada que decirte, entonces nada te diré. breve bosque de pinos, conjunto de ramitas onduladas y caídas que reposan en la falda de mi vestido. Este es mi silencio. Esta es la forma que tengo de no hablarte. De no contarte lo que sigue en la historia de mi vida. Si tengo algo que decirte, entonces algo le diré a los pájaros que saben llegar hasta la puerta de tu casa. A todas las ondas que se forman en el agua reposada. Al golpe húmedo de la piedra en la orilla. A las luces que se hunden en el horizonte ennegrecido. Al verde oscuro de tu aliento claro.



II.
musical es nuestro encuentro. musical y dulce, como las golosinas que se quedan presas en los dientes. musical como el viento volviéndose azúcar quemada que cruje sobre la risa. musical como la insistencia de la mañana al renovarse. iridiscente, como las escamas de los paiches.

III.

zorro de arriba. cocodrilo domesticado. eres todos mis animales favoritos.


IV.
todas las imágenes que nos aterran en este u otro verano se disipan. te dije: eres como el sol poniéndose en invierno. 

V.
zorro de abajo. barba pastosa que se posa sobre el pasto y huele. la humedad obra misteriosamente, como dios. si te dejo entrar demasiado me cubrirás con una enredadera florida. una enredadera que evitará que me desplome sobre los mortales que van y vienen de sus casas. podré existir sin la posibilidad de la culpa. dejaré que traces -quizá- el esbozo de una puerta.