porque el tiempo es breve, pero me ama
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lunes, 17 de noviembre de 2008

Kara y el servicio fúnebre de las hormigas (Parte II)

Me acuerdo que la primera vez que fui a una de esas reuniones de Heridita, éramos cinco gatos (Carlos, Kara, Gianfranco, Cedric y yo) y nos juntábamos a leer en el estudio de Kara y ella todavía estaba embarazada de Joaco, y yo leí un cuento de Bukowski que se llamaba No hay camino al paraíso que trataba sobre una chica que llega a un bar con una jaula en la que tiene a cuatro personitas chiquitas que siempre andan muy cachondas tocándose entre ellas y bueno no voy a contar todo el cuento pero el caso es que recuerdo que a Kara le dio tanta risa que tuvo que irse a otro cuarto para no dar a luz ahí delante de todos.



La cosa es que eso fue ya hace como tres años y desde entonces no he dejado de ir. Y eso que las reuniones son los domingos cuando a cualquier buen cristiano ni siquiera le provoca bañarse y menos salir de casa. Y además Kara vive leeeeeejos, Y sin embargo, como dice la canción de Sabina, cada vez fue viniendo más gente, y Jorge se viene desde chosica, Marité desde La Molina, todos viven lejos, a veces más de una hora para llegar y yo he pertenecido a otros grupos literarios y la gente nunca era tan fiel a la causa como ahora. Y no creo que sea el vino y los panes con jamonada que compramos para comer mientras leemos, sino que creo que si la poesía de Kara está llena de cotidianidad, es porque su cotidianidad, su casa, el timbre roto, la escultura del león de su vecino y el cariño con el que te abre la puerta, todo está contagiado de su poesía, y eso termina atrayendo a la gente, como luciérnagas.


Hay una película de Eliseo Subiela que se llama El lado oscuro del corazón. Bueno, en la segunda parte de esta película, el personaje Oliverio conoce a Alejandra que es una equilibrista de circo y poeta ,bueno él entra a su cubil, están allí y ella le dice: descuelga esa camisa y léela, a lo que él la coge y lee un poema. Cuando acaba de leerlo le dice: Y por qué digo yo, si no es una pregunta muy indiscreta, porque no escribís en una hoja de papel como escribimos todos?. Y ella le dice: eso es para los escritores. Para mi la poesía es la vida. Entonces no veo porque circunscribirla a un pedazo de papel. Por qué tendría que escribir en algo que no fuese la vida?


El lado oscuro del corazón II - Fragmento

Yo llevo en mi mochila mis cuentos impresos en tristes hojas A4 pero algunos manuscritos o dibujos que Kara me ha regalado están escritos sobre servilletas, volantes publicitarios, blockcitos de recetas médicas e inclyso en el papel platino que envuelve los chocolates.Este poemario debería estar impreso sobre galleta para que uno pueda comérselo al terminar de leerlo.


Estoy muy muy feliz de que me hayan dejado presentar este libro. Es mi primera vez. Quiero, en nombre de todos sus hijos de Heridita, agradecerle a Kara infinitamente por la sala de su casa los domingos, el pan con jamonada y los vasitos descartables que tenemos que comprar para que no tenga que lavar. Y felicitarla por su primer poemario. Escribir poesía es tan importante. Y tener el valor de publicarla, aún más. Porque al final comprarse un libro de cuentos o una novela siempre será: comprarse un libro de cuentos o una novela y punto. En cambio comprar un poemario, es como contratar una pequeña nube que te persiga por un rato, así como la que perseguía a Mario Bros, pero una nube que te llueva encima y que te parta por la mitad con un rayo. Y eso, eso tiene que ser importante, sobretodo aquí, en la única ciudad del mundo, en la que nunca llueve. Y este poemario, es una de las lluvias más bonitas que ha caído últimamente por aquí.

viernes, 14 de noviembre de 2008

Kara y el servicio fúnebre de las hormigas (Parte I)


Cuando conocí a Kara hace como tres años yo tenía un blog que acababa de abrir y en el que había colgado unas caricaturas de unas hormigas, y ella me dejó un comentario que decía exactamente esto: “Las últimas hormigas que vi, estaban dando servicio fúnebre a una cucaracha voladora en el jardín de mi casa”. Esa frase, fue la primera noción que yo tuve de la existencia de Kara, y ahora que lo pienso me parece tan paja que haya dicho eso porque esa frase tan chistosa, en verdad encarna la forma en que Kara hace de las cosas cotidianas, algo a lo que prestarle atención. Yo recuerdo que leí eso del servicio fúnebre de la cucaracha y me imaginaba pues a las hormigas atravesando el pasto, cantando sus adagios y cortejos mientras llevaban la cucaracha a su agujero y era tan divertido tener esa sensación de que así como aquello, todas las cosas por más pequeñas que fueran estaban llenas y que sólo bastaba rasparlas como billetes de lotería.


El otro día leía en una revista que uno puede hacer turismo sin salir de casa, tan sólo basta por ejemplo mover la refrigeradora y ver todas las porquerías que se han acumulado detrás. Cuando yo escucho a Kara siento que ella anda siempre haciendo ese tipo de turismo casero o urbano, no sé si moviendo la refrigeradora porque, según he oído por ahí, no sabe cocinar, pero digamos que esa es la idea. Como cuando Fito cantaba eso de “Cortabas margaritas del mantel”. Por eso es que es tan chévere la portada de Marité y la idea del papel mural rasgado. Como para ver las cosas que se esconden atrás de aquella delgada lámina que mostramos a los demás.

Después del traumático choque que todos tuvimos todos con la literatura en el colegio, y me refiero por supuesto al pobre Homero y su Iliada, a El cantar del mío Cid, o la métrica y los jodidos endecasílabos de la edad de oro, ha sido difícil que la gente vea la poesía cómo algo que podría pasarle a uno. Por eso es que casi nadie lee y mucho menos escribe. Le toma tiempo a la gente darse cuenta de que también se puede hacerse poesía desde una azotea tras tender la sábanas limpias o incluso sobre el mismo hecho de tender las sábanas. Aún les cuesta entenderque un poema puede tener palabras como cometa, crucigrama o televisor.
Pero si a uno lo que le pasa en el día es: cometa, crucigrama y televisor y es a través de esos objetos que uno llega a la poesía, pues no hay porque escapar de aquello. Antes talvez se escribía sobre grandes guerras porque vivían en grandes guerras. Es como aquello que decía Phalaniuk en el club de la pelea: Nosotros no hemos sufrido una gran guerra, ni una depresión. Nuestra guerra es la guerra espiritual, nuestra gran depresión es nuestra vida.


Los domingos cuando nos juntamos con los chicos de Heridita allí en su sala, vemos a Kara escribir poesía como quien le pone mantequilla a un pan, sentada en su sillón a la luz de la lámpara con Joaquín jugando a sus pies y la tele prendida en la esquina, y uno a veces piensa que aquella no es la típica imagen del poeta solitario a oscuras en su cuarto con aquella calavera con la vela encima, y las ventanas raídas al viento. Pero luego cuando hacemos la ronda de lectura y ella lee el poema, diablos todos quedamos en shock, y es siempre un poema en que se habla de cosas que uno podría encontrar en esa misma sala, pero de alguna forma es como si esas cosas se hubieran vuelto enormes y pudieran aplastarte o elevarte y cuando acaba ya todos están muy locos y nadie quiere leer más nada y comenzamos a blasfemar mientras guardamos nuestras cosas en las mochilas y decimos que ya es tarde y no vamos a encontrar micros. (...)