La presentación en el Bar Zela estuvo llena de amigos y celebración itinerante con el colchón bajo el brazo.Gracias a todos los que asistieron, que son los que siempre asisten además, los quiero mucho. Gracias a Víctor y a Antonio por compartir la lectura y la cama en medio del bar, a Lima gris por la cobertura, a John Martinez, a mi padre, a mis compañeros, a conocidos y extraños. Aquí el texto escrito por Antonio De Saavedra para la ocasión.
Karina Valcárcel.
Una Mancha En El Colchón.
Lima: Lustra Editores, 2010.
61 pp. 12.5 × 19.5 cm.
No hace mucho leía que las experiencias poéticas te llevan a crear “la reflexión de una recorrido desintegrado y los sueldan en un todo coherente que es la reunión de los [poemas] aquí publicados. ‘Todo coherente’, es decir, lo contrario a ‘todo es coherente’ que nunca lo es” . Esto hace referencia a que un solo punto de inflexión en poesía nos lleva a adecuar nuestras más íntimas vivencias hacia las inmensas posibilidades que nos da esa mágica y excelsa estructura denominada poema.
Quiero creer o imaginar que muchas recientes experiencias han sido vividas por la poeta Karina Valcárcel (Lima, 1985) después de la escritura final y publicación de su anterior libro Poemas Cotidianos (Lima: Editorial Casa Tomada, 2008), y que todas esas anécdotas o pensamientos han brotado despacio y sin apuros en este su nuevo libro Una Mancha En El Colchón que hoy presentamos a ustedes, al mundo, con beneplácito.
Tengo la costumbre (no sé si buena o mala) de leer de atrás para adelante los poemarios porque, tanto en poesía como en las matemáticas, el orden de los factores (de los poemas) no altera el producto. Así que, como ya han dado fe de ello quienes leyeron el libro, me encontré de buenas a primeras con una sola frase pasmosa –a modo de sentencia final– que posiblemente me haya desviado de la(s) idea(s) sugerente(s) que nos daría el título del libro si yo lo hubiera leído como lo hacen los comunes occidentales. Esa frase dice:
Erótica es anagrama de teórica.
Es decir, lo inverso a las ideas (a veces castradoras e intrigantes) es la realidad de la pasión amatoria. Sí, la admirable sutileza con la que Karina describe algunas incursiones en el celestial terreno de la sensualidad nos llevan a sentir primero y a pensar después que la lucha ante lo impuesto por esta milenaria sociedad nos es restregada en nuestros rostros hasta en la situaciones más íntimas, como la de los encuentros íntimos amorosos. Lo reflexionado y lo arbitrario se inmiscuyen hasta por debajo de nuestras sábanas, en las cuales simplemente queremos retozar sintiendo el calor del amado cuerpo que nos acompaña.
De ahí, de esta lucha que se libra en las fronteras del amor y la existencia, surge la nostalgia, la soledad, el recuerdo de un ser amado lejano o ido en estos nuevos poemas de Karina; frágil sentimiento de vacuidad que estuvo ausente en su anterior publicación. La poeta mira con desazón, sin amor, su entorno y sus circunstancias, y las personas, los objetos y las situaciones le son ciertamente fríos frente a la reminiscencia de ese apartado amante al que ansía tener a “Medianoche” o incluso “a las 3 de las mañana” como dice en el poema de la página 18. Además, reparen ustedes en esta frase que podría haber sido el perfecto subtítulo del libro: “Y otras huellas de tu ausencia” .
Digno ejemplo de lo expresado serían estos versos:
Estar sin ti es como beber café descafeinado
o como comer chocolate blanco,
es transformar mi poesía en un credo sin sentido
y sentir que creo cuando en realidad ignoro.
Es darme cuenta que el Polo Norte habita en
medio de la cama.
o como comer chocolate blanco,
es transformar mi poesía en un credo sin sentido
y sentir que creo cuando en realidad ignoro.
Es darme cuenta que el Polo Norte habita en
medio de la cama.
Sin embargo, el tema de la soledad no es el único del libro. La ironía también surca algunas de sus páginas, como ya es habitual en el arte poética de Karina, a través de un lenguaje más que coloquial, monologístico (me disculparán ustedes, pero a veces es tan difícil expresar algo sobre poesía que de vez en cuando hay que recurrir a los neologismos). Se nota en el trazo dejado entre las hojas que Karina explora bien las márgenes de su sentir para decir algo sarcástico en base a su propia experiencia de la ironía. Por ejemplo, ¿quién de nosotros –que ya haya leído el libro– no tiene en su casa una “espesa cobija llena de tigres” (hoy bien guardada mientras dura este terrible verano) y ha esbozado una sonrisa entre los labios mientras leía aquel poema?
La ironía suele ser, como ya han dicho otros antes, un animoso escudo frente a lo agresivo que puede llegar a ser nuestra existencia. No solo es el hecho mismo de llevar una amable cara todos los días rumbo al trabajo, si no también desenmarañar de a pocos la leve, invisible e interna materia de la que están hechos esos mismos días. Y la ironía es una de las pocas llaves que poseemos para abrirle las puertas a dicha impalpable realidad. Karina en sus poemas más irónicos se muestra más intensamente humana, porque así intercala en su cotidianeidad el peso de vivir el día a día que nos llevamos a las espaldas.
Estilísticamente hablando pienso que Una Mancha En El Colchón es un poemario más cuidado, más pensado, más riguroso, y por lo tanto menos juguetón, menos informal, menos ambivalente que su anterior primer poemario. Ya había dicho en la presentación de aquel libro que me agradaba mucho el respeto y el esmero que Karina le tiene a la elaboración del poema, y ello se evidencia aún más en este nuevo libro en el que las imágenes o sugerencias pictóricas son más directas y precisas, como indagando el verdadero sentido que se obtiene luego de experiencias tan vívidas, como las vertidas en este poemario.
El nuevo libro de Karina me ha costado leerlo y comprenderlo dos semanas, como es mi habitual forma de leer poesía, pues siempre he creído que estos extraordinarios compañeros de la soledad no contienen tiempo, no son relojes de arena por los cuales a través de ellos podamos mirar el paso de los minutos. Los libros de poesía son virtuosos bosques floridos, sedientos desiertos inacabables, en los cuales nos reflejamos buscando aquella parafernalia que en nuestras vidas cotidianas no hallamos: armonía, sosiego, aliento, paz, regocijo. Hay en ellos (como en este libro transitorio dentro de la obra poética que Karina está realizando en total) cierto indefinible encanto que halaga y suspende el ánimo.
Es menester del poeta quedarse sin aliento y sin palabras haciendo todo lo posible por expresar en el papel lo que siente, así le cueste la vida. Karina ha dejado en las páginas de este libro algo más que solo sudor y lágrimas; ciertamente algo de sangre del corazón más que el de una herida que brota silenciosamente de una extremidad inferior. Y por supuesto, hay que decir que este libro es algo más que una simple mancha en el colchón.
Antonio De Saavedra